miércoles, 23 de septiembre de 2015

La insoportable levedad del ser... ¿rosa?


Acrílico sobre tabla (30x30cm)


Que me perdone Milan Kundera por las libertades que me he tomado al elegir título para esta entrada, pero es que no he podido resistirme...

Lo cierto es que no sé qué me pasa después de parir tanta obra sobre negro, tanta figura agónica surgiendo de las oscuras profundidades de la existencia, que necesito oxigenarme con un buen chute de pacíficos tonos rosa; de rosa chicle, rosa pastel, rosa batido de fresa: esos tonos que casi inadvertidamente seguimos relacionando con lo superficial, con lo infantil y con un universo femenino más bien mal entendido. Y es que resulta curioso cómo algunos colores (igual que algunas personas) parecen condenados a nos ser tomados demasiado "en serio" en nuestro inconsciente colectivo. Y sin embargo están ahí, a veces ignorados protagonistas de las encarnaciones desnudas de muchos artistas consagrados, a veces en los fondos serenos de alguna pintura paisajista rusa, eclipsados entonces por el duro invierno. La simbología del color, a menudo tan conveniente en nuestros procesos creativos, se torna banal e insulsa, como sacada de un horóscopo, querido amigo piscis. Se nos queda corta. Y aquí me tienen, mareando la perdiz, no sé si pidiéndome perdón o permiso, ¿tratando de justificarme por usar un color? ¿Ven a dónde quiero llegar?... ¡Menuda tontería! ¿No les parece?

Confieso que antes ya había experimentado "sentimientos encontrados" con un estridente fondo naranja del que mis córneas aún no se han recuperado del todo, pero también entonces parecía ser imperiosa la necesidad de darme momentáneamente un atracón de color en una dieta de grises y neutros. Entonces buscaba el contraste entre la excesiva saturación del fondo y lo que representaba la figura; Ahora simplemente busco armonía, descanso, si acaso cierta sutil incomodidad en los encuadres, en lo inacabado, en el eterno fragmento (ya les digo que sufro la resaca de los fondos negros).

Así que ande yo bien rosa, ríase la gente: ¡viva el rosa, maldita sea! ¡que vivan la Señorita Pepis Barbie, la Pantera Rosa y Espinete, pero también los rosas de la paleta de Lucian Freud, Mary CassattFrancis Bacon o Jesús Arencibia




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