domingo, 14 de octubre de 2012

Gula


Cuidado con alimentar al monstruo...
Técnica mixta sobre tablilla (178x127mm)

La entrada de hoy está dedicada a la gula, otro de los siete pecados capitales. Se la suele identificar con el consumo desmedido de comida o bebida (o de ambas). Es quizás el vicio más cotidiano y habitual en la mayoría de los hogares occidentales. Tan habitual es, que, salvo en casos extremos, socialmente se tolera muy bien, llegando incluso a resultar un rasgo gracioso de la personalidad (¿cuántas escenas de comedia romántica nos habrán mostrado a la Meg Ryan de turno dándose un atracón de helado frente al televisor para calmar el mal de amores?). Y es que ¿alguien tendría algún problema para confesar e incluso presumir de deliciosos empachos de dulce o de salado? Yo creo que no. Es más: la gula se potencia a menudo en la publicidad de muchos snacks  y productos. La gula vende. 

Pero todo tiene su lado oscuro. No me refiero a vagos recuerdos de dolorosos entripados de cacahuetes en esos cumpleaños a los que nos invitaban de niños...no. La cosa puede tornarse mucho más siniestra. Se puede comer hasta reventar, pero literalmente. Comer y morir en el intento. Lo dejó bien claro Marco Ferreri en su película La gran comilona, donde un grupo de amigos decide suicidarse comiendo. Por no hablar de los excesos en sustancias más peligrosas que la comida, donde las dosis hay que medirlas con más rigor para no emprender el camino de ida sin billete de vuelta...ya lo ven, el monstruo de la gula puede ser salvaje. Letal.

Por eso les repito: cuidado con alimentar al monstruo.


Láminas disponibles en Saatchi online/ Prints available at Saatchi online



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